Un estudio publicado en el Journal of Affective Disorders concluyó que la práctica regular de marcha nórdica puede reducir significativamente los síntomas de depresión en apenas cinco semanas, especialmente en personas con cuadros moderados o severos.
La investigación, liderada por el científico Clément Ginoux y su equipo, involucró a 64 adultos diagnosticados con depresión que no realizaban actividad física de forma habitual. Los participantes fueron sometidos a un programa supervisado de marcha nórdica durante diez semanas, con sesiones de una hora dos veces por semana.
La marcha nórdica, una disciplina originaria de Finlandia, consiste en caminar utilizando bastones especiales que permiten activar hasta el 90 % de los músculos del cuerpo, convirtiendo la actividad en un entrenamiento integral.
Los investigadores utilizaron el Inventario de Depresión de Beck-II para evaluar la evolución de los participantes antes, durante y después del programa. Los resultados mostraron que la mejora más notable se produjo durante las primeras cinco semanas de práctica.
Según el estudio, entre el 35 % y el 53.6 % de las personas que participaron en el programa lograron alcanzar niveles considerados de remisión, reduciendo sus síntomas por debajo del umbral clínico de la depresión. En contraste, el grupo de control, que no modificó su rutina diaria, no registró cambios significativos.
Los autores destacaron que la actividad resultó segura para todos los participantes, ya que no se reportaron lesiones ni complicaciones relacionadas con el ejercicio durante el período de observación.
Además de sus beneficios físicos, los investigadores consideran que la marcha nórdica puede convertirse en una herramienta accesible y de bajo costo para complementar tratamientos psicológicos y farmacológicos dirigidos a personas con depresión.
Aunque el estudio presenta algunas limitaciones, como la imposibilidad de determinar si los participantes recibían simultáneamente otros tratamientos, los resultados refuerzan la evidencia científica sobre el impacto positivo de la actividad física supervisada en la salud mental.
Los especialistas sugieren que programas comunitarios basados en ejercicio podrían integrarse de manera más amplia en las estrategias de prevención y tratamiento de trastornos depresivos, ofreciendo alternativas efectivas para mejorar la calidad de vida de quienes enfrentan esta condición.




