Las papas que llegan a la mesa de los dominicanos son el resultado de una producción que ha cambiado en las últimas dos décadas. En Constanza, principal zona productora de este tubérculo del país, los agricultores ya no dependen únicamente de la experiencia heredada de sus padres: hoy combinan sistemas de riego tecnificado, semillas tratadas y prácticas agronómicas para enfrentar una realidad marcada por el aumento de los costos de producción y la escasez de agua.
Para Delming Abreu Romero, de 42 años, cultivar papa no fue una decisión de vida, sino una herencia familiar. Recuerda que desde los 10 años acompaña a su padre en las labores del campo y que esa experiencia lo motivó a estudiar agronomía para continuar desarrollando la actividad.
Actualmente, administra unas 40 tareas sembradas de papa y realiza entre dos y tres cosechas al año. Sin embargo, asegura que la forma de producir ha cambiado por completo desde que comenzó a trabajar en el cultivo. “La tecnología ha ido evolucionando cada día y eso nos permite obtener mejores resultados”, comentó.
Uno de los cambios más notorios ha sido la reducción del trabajo manualen determinadas etapas de la producción. Explicó que antes era necesario emplear una mayor cantidad de trabajadores para controlar las malezas, mientras que hoy el uso de herbicidas preemergentes evita que estas germinen y disminuye considerablemente esa necesidad de mano de obra.
Subrayó que a esto se suma la modernización de los sistemas de riego. Si años atrás el agua se distribuía por canteros, ahora predominan los sistemas de goteo y aspersión, tecnologías que permiten utilizar el recurso de forma más eficiente y mantener la productividad incluso durante períodos de sequía.
Según el productor, estos cambios no solo han mejorado la calidad de la cosecha, sino que también han permitido aprovechar mejor el agua disponible en un contexto donde el agua es cada vez más escasa.
El costo de producir
Abreu explicó que la modernización del cultivo no ha significado una reducción de los gastos. Por el contrario, producir papa es hoy mucho más costoso que hace una década y media.
Estima que actualmente sembrar una tarea requiere una inversión de entre RD$55,000 y RD$60,000, cuando hace unos 15 años el costo oscilaba entre RD$20,000 y RD$30,000.
Sostuvo que el incremento responde principalmente al encarecimiento de los fertilizantes y otros insumos agrícolas, que representan la mayor carga dentro del presupuesto de producción.
Aunque la incorporación de nuevas tecnologías ha reducido algunos gastos relacionados con la mano de obra, aseguró que el ahorro no ha sido suficiente para compensar el aumento registrado en los insumos.
Agregó que el agua se ha convertido en otro de los grandes desafíos para los productores de Constanza, al tiempo de recordar que las condiciones de sequía registradas en los últimos años obligaron a muchos agricultores a replantear la manera en que manejaban sus fincas. Explica que la respuesta fue apostar por sistemas de riego más eficientes, capaces de aprovechar cada litro de agua disponible.
El productor considera que el riego por goteo y la aspersión han sido determinantes para mantener los niveles de producción en épocas de menor disponibilidad hídrica y, al mismo tiempo, mejorar la calidad del cultivo.
La calidad
Para el productor, una buena cosecha comienza mucho antes de la siembra. La calidad del material utilizado como semilla puede determinar no solo el rendimiento del cultivo, sino también la salud del suelo y los costos que enfrentará el agricultor durante toda la temporada.
Abreu expresó que durante años muchos productores trabajaron con semillas cuya calidad era incierta. En ocasiones, llegaban lotes afectados por enfermedades que terminaban contaminando el terreno y reduciendo la productividad. “La semilla es lo que nos garantiza una buena producción”, afirmó.
Enfatizó que uno de los problemas más frecuentes era una enfermedad conocida entre los agricultores como “el muerto de la papa”, identificada en términos agronómicos como Rhizoctonia, un hongo que afecta el desarrollo de la planta y puede permanecer en el suelo durante largo tiempo.
Cuando esto ocurre, explicó, el terreno debe permanecer en barbecho, una práctica que consiste en dejar descansar la tierra antes de volver a sembrar para recuperar sus condiciones productivas.




