Gary Brecka, presentador del pódcast Ultimate Human with Gary Brecka, explicó cómo el hígado graso puede ser la causa oculta del estancamiento en la pérdida de peso en un episodio reciente de su programa.
El biólogo humano y especialista en biohacking —un enfoque que busca optimizar la salud y el rendimiento mediante cambios en el estilo de vida, la alimentación y el seguimiento de indicadores biológicos— y longevidad detalló la conexión entre una condición hepática muy frecuente, la resistencia a la insulina y la dificultad para adelgazar
Brecka señaló que muchas personas atribuyen su falta de progreso a la dieta o al ejercicio, cuando el problema podría estar en un órgano que rara vez se tiene en cuenta. “Puede que no solo tengas un problema de peso. También podrías tener un problema de hígado”, afirmó.
Lo que antes se llamaba enfermedad de hígado graso no alcohólico (NAFLD) tiene hoy un nuevo nombre: enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica (MASLD). El cambio refleja que se trata de una enfermedad metabólica que se manifiesta en el hígado, no de un problema exclusivamente hepático.
La prevalencia de esta condición es alta: una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2023 en la revista The Lancet Gastroenterology & Hepatology, que analizó más de 100.000 adultos en 151 estudios, determinó que la MASLD aparece en aproximadamente el 75% de las personas clasificadas con obesidad. Tres de cada cuatro personas con sobrepeso significativo podrían tener esta condición.
La clave está en cómo el hígado procesa la energía: en condiciones normales, después de una comida, la insulina indica al órgano que almacene el exceso de azúcar en sangre como glucógeno. Entre comidas, el órgano libera ese glucógeno para mantener el suministro de energía; el sistema funciona de forma limpia y predecible
Cuando hay acumulación de grasa en las células hepáticas, el hígado se vuelve menos sensible a la señal de la insulina. El problema es que, en lugar de frenar su producción de glucosa, el órgano continúa liberándola al torrente sanguíneo aunque el cuerpo ya tenga suficiente. El azúcar en sangre permanece elevado más tiempo de lo necesario.
Ante esa situación, el páncreas produce más insulina para compensar la resistencia, pero niveles altos de insulina tienen un doble efecto adverso: indican al organismo que almacene más energía como grasa y, al mismo tiempo, dificultan la quema de la grasa ya acumulada
Esta es una de las razones por las que la pérdida de peso puede volverse tan frustrante”, explicó Brecka y agregó: “El cuerpo recibe señales que favorecen almacenar energía en lugar de utilizarla”. Como consecuencia, el hígado deja de funcionar como un almacén ordenado y pasa a ser un sistema congestionado que perpetúa el ciclo metabólico desfavorable.
El hígado no es el único órgano comprometido en este proceso: el mismo entorno inflamatorio asociado a la MASLD también puede generar resistencia a la leptina, la hormona que regula la saciedad.
La leptina es producida por las células grasas y viaja por el torrente sanguíneo hasta el hipotálamo —la región del cerebro que controla el apetito— para indicarle que el cuerpo tiene energía suficiente y que puede dejar de comer.
Cuando hay inflamación crónica, ese mensaje no llega con claridad. Por eso, el receptor del hipotálamo deja de responder correctamente, aunque los niveles de leptina estén elevados.
Una revisión publicada en 2025 en Current Cardiology Reviews describió las consecuencias: el apetito aumenta, el gasto energético disminuye y el organismo se orienta hacia el almacenamiento de grasa, todo al mismo tiempo




