Caracas, Venezuela.- El rápido desarrollo de la inteligencia artificial (IA) no solo está revolucionando los procesos digitales, sino que también está reconfigurando la estructura de costos energéticos de las empresas y la demanda eléctrica a nivel global, un fenómeno que en países como Venezuela representa un desafío significativo para una infraestructura eléctrica ya de por sí presionada.
Estudios internacionales señalan que el consumo energético de los centros de datos, núcleos físicos donde se alojan servidores y sistemas que procesan grandes volúmenes de información, ha crecido de forma exponencial en los últimos años y podría duplicarse para mediados de esta década, especialmente por el auge de aplicaciones y servicios de IA.
Este incremento en la demanda eléctrica obedece, en gran medida, a la necesidad de mayor capacidad de cómputo para entrenar y ejecutar modelos avanzados de IA, que requieren infraestructura de alto rendimiento y un flujo continuo de energía para operar 24/7. Según estimaciones especializadas, el consumo de electricidad de los centros de datos a nivel mundial puede superar los 1.000 teravatios-hora (TWh) en 2026, una cifra que equivaldría al uso energético de naciones enteras y que representaría una carga cada vez más pronunciada para las redes de suministro existentes.
El costo oculto del enfriamiento y el reto de la eficiencia
Una parte crítica del consumo en estos centros no corresponde directamente al procesamiento, sino al enfriamiento de los equipos. Incluso en entornos tradicionales, este puede representar hasta el 40 % del consumo total de energía de una instalación. En escenarios de alta densidad —como los requeridos para IA— los sistemas de refrigeración convencionales resultan inadecuados y pueden elevar los costos operativos y reducir la vida útil del hardware si no se cuenta con soluciones eficientes.
En Venezuela, expertos señalan que una parte significativa de los sistemas de aire acondicionado de precisión aún utilizan refrigerantes obsoletos como el R22, un compuesto que debe ser eliminado del mercado antes de 2030 bajo los compromisos del Protocolo de Montreal por su impacto ambiental. Esta situación agrava la fragilidad de los data centers locales y subraya la necesidad de modernizar la infraestructura para cumplir con estándares internacionales de eficiencia y sostenibilidad ambiental.
Soluciones tecnológicas para enfrentar la demanda
Frente a este panorama, empresas especializadas han promovido tecnologías que buscan mejorar la eficiencia energética y la gestión térmica de los centros de datos. Entre estas se incluyen:
Retrofit ecológico, que permite actualizar sistemas existentes mediante sustitución de refrigerantes por opciones sostenibles.
Aires acondicionados de precisión de alta eficiencia, que ajustan su rendimiento según la carga térmica real.
Monitoreo predictivo, para anticipar fallas y optimizar el consumo en tiempo real.
Este tipo de soluciones no solo contribuye a reducir costos operativos, sino que ayuda a garantizar la continuidad de los servicios tecnológicos en un contexto donde el acceso confiable a la energía es estratégico.




