La capacidad de un cultivo para enfrentar el cambio climático no se construye durante el evento extremo, sino antes. El manejo agronómicodebe preparar el sistema formado por suelo, raíz, microbiota y hoja para que la planta pueda tolerar el estrés y recuperar su funcionamiento.
La idea fue planteada por Carolina Salazar durante el simposio “Cambio Climático e Impacto en los Cultivos Agrícolas en República Dominicana”, donde explicó que la adaptación agrícola puede apoyarse en diferentes prácticas de manejo.
Entre ellas mencionó el riego oportuno y monitoreado, la nutrición ajustada a la fenología del cultivo, el manejo de la materia orgánica y del suelo, las cubiertas vegetales, el uso de injertos y variedades tolerantes, la poda y renovación equilibradas, los bioestimulantes y las medidas de mitigación térmica, como las mallas de sombra y la agroforestería.
La especialista diferenció entretolerancia y resiliencia. Una planta tolerante logra mantener sus funciones durante un evento de estrés, mientras que una planta resiliente, además de superar el episodio, consigue recuperar su funcionamiento anterior.
La adaptación también puede producirse a través de la genética.Salazar explicó que la adaptación biológica está relacionada con cambios heredables y con la búsqueda de variedades más tolerantes. La adaptación agronómica, en cambio, comprende los ajustes realizados en el campo mediante el manejo.
El suelo ocupa un lugar central en este proceso. Su estructura y porosidad favorecen el crecimiento de las raíces y la aireación, mientras que su capacidad de retener agua contribuye a sostener la transpiración y el enfriamiento de la hoja. La materia orgánica también favorece la actividad biológica y la disponibilidad de nutrientes.
Salazar advirtió que la resiliencia no puede improvisarse después de que ocurra un evento climático. La preparación debe comenzar antes y abarcar el suelo, la raíz y la hoja mediante prácticas de manejo agronómico




