El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, viajará la próxima semana a Hungría para mantener reuniones con altos funcionarios del gobierno de Viktor Orbán, en una visita que se produce tras el respaldo del presidente Donald Trump al primer ministro húngaro y en un momento de renovadas fricciones entre Washington y la Unión Europea.
El propio Departamento de Estado confirmó que el objetivo del desplazamiento es reforzar la cooperación bilateral y regional, con especial énfasis en procesos de paz internacionales y en la relación energética entre ambos países.
Según informó el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, Rubio se reunirá en Budapest con autoridades húngaras para “fortalecer nuestros intereses bilaterales y regionales compartidos, incluido nuestro compromiso con los procesos de paz para resolver conflictos globales y con la asociación energética entre Estados Unidos y Hungría”.
La agenda oficial contempla encuentros durante dos días, en el marco de una gira que también incluirá a Eslovaquia.
La visita a Hungría se enmarca en una coyuntura política particular para Orbán, quien enfrenta la campaña más competitiva desde que llegó al poder.
El primer ministro busca un quinto mandato consecutivo en las elecciones previstas para el 12 de abril, con encuestas que lo muestran por detrás de la fuerza liderada por Peter Magyar, un ex funcionario del propio oficialismo convertido en crítico del gobierno.
En un mensaje difundido en redes sociales, el presidente estadounidense calificó a Orbán como “un verdadero amigo, luchador y ganador”. Orbán es uno de los pocos líderes de la Unión Europea que mantiene una relación fluida con el presidente ruso, Vladimir Putin, y ha sido un recurrente obstáculo dentro del bloque comunitario para la adopción de medidas más duras contra Moscú por la guerra en Ucrania.
En las últimas semanas, las fricciones con la Unión Europea volvieron a escalar luego de que Trump mencionara públicamente la posibilidad de que Estados Unidos tome control de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, un país miembro de la OTAN. Ese planteo generó una fuerte reacción en capitales europeas y reavivó el debate sobre la solidez de la alianza transatlántica.
La relación entre Orbán y el gobierno estadounidense también estuvo marcada, en el pasado reciente, por decisiones económicas sensibles. Durante una visita del primer ministro húngaro a la Casa Blanca el año pasado, Trump concedió a Hungría una exención de sanciones para la importación de petróleo y gas procedentes de Rusia, una medida que fue observada con preocupación por socios europeos.




