Por Eduar Villa
Durante décadas, miles de campesinos dominicanos trabajaron la tierra en condiciones de abandono, sin apoyo técnico, sin financiamiento y sin acceso real a las instituciones del Estado. Pero esa historia comenzó a cambiar. Y en el centro de esa transformación se encuentra Hecmilio Galván, el joven dirigente que logró que el Fondo Especial para el Desarrollo Agropecuario (FEDA) llegara, por fin, a los más pobres del campo dominicano.
Bajo la gestión de Galván, el FEDA dejó de ser una institución lejana para convertirse en una herramienta viva, presente en comunidades rurales de todo el país. Por primera vez, pequeños productores, familias campesinas y jóvenes rurales tienen acceso directo a programas que fomentan la producción, la autosuficiencia y la dignidad del trabajo agrícola.
Los resultados están a la vista. Hoy la República Dominicana cuenta con viveros comunitarios, cooperativas fortalecidas, centros de acopio para campesinos, herramientas para trabajar la tierra y programas innovadores de producción de alevines, así como el impulso decidido a cultivos estratégicos como coco, plátano, cacao, fresa y aguacate. Todo esto ha permitido dinamizar la economía rural y mejorar los ingresos de miles de familias.
Uno de los aspectos más valorados de la gestión de Galván es su visión inclusiva. Los programas del FEDA abarcan desde iniciativas sencillas, como sembrar el patio de la casa para garantizar la seguridad alimentaria, hasta proyectos de producción agrícola a gran escala, adaptados a distintos tipos de suelos y realidades productivas. El mensaje es claro: no importa cuán pequeño sea el productor, hay un espacio para él.
Este enfoque ha devuelto la esperanza a comunidades históricamente olvidadas. Campesinos que antes sembraban solo para subsistir, hoy producen con planificación, asistencia técnica y acceso a mercados. Mujeres y jóvenes del campo encuentran nuevas oportunidades a través de cooperativas y proyectos productivos que fortalecen el tejido social rural.
Gracias a la gestión de Hecmilio Galván, por primera vez todos los dominicanos tienen acceso al FEDA, sin exclusiones ni barreras. El campo ya no es sinónimo de pobreza inevitable, sino de oportunidad, trabajo y desarrollo.
Galván ha demostrado que cuando una institución pública se pone al servicio de la gente, especialmente de los más vulnerables, el cambio es posible. Su trabajo al frente del FEDA marca un antes y un después en la historia del desarrollo agrícola dominicano, sembrando futuro donde antes solo había abandono.




